En el año litúrgico, llamamos tiempo ordinario al tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación. Son treinta y tres o treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el Misterio Pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El Tiempo Ordinario del año comienza con el lunes que sigue del domingo después del 6 de enero y se prolonga hasta el martes anterior a la Cuaresma; vuelve a reanudarse el lunes después del domingo de Pentecostés y finaliza antes del Domingo Primero de Adviento. Las fechas varían cada año, pues se toma en cuenta los calendarios antiguos que estaban determinados por las fases lunares, sobre todo para fijar la fecha del Viernes Santo, día de la Crucifixión de Jesús, a partir de ahí se estructura todo el año litúrgico. El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario.

Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor!

El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”.

Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro mundo.
Fuente: delejuventudcordoba.es




5
Jun
'09

Dios nos hizo perfectos y
no escoge a los capacitados,
sino que capacita a los escogidos’.
Hacer o no hacer algo, sólo depende de nuestra voluntad y perseverancia

Albert Einstein

Enviada por: Paloma B. S.





Os dejo un video muy bonito que expone la vida de un niño autista. Que lo disfruteis

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Fuente: Microsiervos.com





Tras un periodo de descanso de noticias de esta pagina (culpa de los examenes), volvemos con mas fuerza aununciando una nueva fecha para el ORACIONIZATE, que será el día 3 de junio (miercoles) a las 20.00 en el Colegio Cervantes (cordoba). Estais todos invitados.





El sábado 16 de mayo tendrá lugar una concentración en el Bulevar Gran Capitán organizada por la Plataforma Córdoba por el derecho a la vida a la que pertenece la Delegación diocesana de Juventud. Será a partir de las 20:00. ¡No faltes!





15
May
'09

Nace San Isidro Labrador casi finalizado el siglo XI, en 1082, iluminado con su ardiente fe al pueblo de Madrid.

Su profundo amor a la Eucaristía, su entrañable devoción a la Santísima Virgen, toda esta vivencia de la Iglesia en plenitud, le impulsa a identificarse con el pueblo, con los niños, con los desvalidos, con los que sufren hambre de pan y del alma, con todas las criaturas de Dios, como adelantado y predecesor del Serafín de Asís.

Sus portentosos milagros, más de cuatrocientos, se contemplan en su Proceso de Canonización.

Su caridad ilimitada, hace, que sus contemporáneos le admiren y le veneren como a un Santo, junto a su esposa Maria de la Cabeza, y que llegan a ser un solo corazón y una sola alma; matrimonio que bendice el Señor, concediéndoles un hijo, Illán, que es causa un día de uno de los más portentosos milagros de San Isidro, resucitándole tras precipitarse a las profundas aguas de un pozo.

En otra ocasión también devuelve a la vida a Maria de Vargas, hija de su patrón y ahijada suya.

La vida del santo matrimonio, encendía más y más el fervor del pueblo de Madrid tras el conocimiento de tantos prodigios.

Muere San Isidro el 30 de noviembre de 1172, sobre los 90 años, y es sepultado en el cementerio de San Andrés, su parroquia.

Cuarenta años después, en 1212 fue descubierto, por revelación divina, su cuerpo incorrupto.

San Isidro es Beatificado por Paulo V el 14 de junio de 1619, fijando la celebración de su fiesta el 15 de Mayo.

Gregorio XV Canoniza a San Isidro el 12 de Marzo de 1622. Sin embargo la muerte del Pontífice hizo que se retrasara la expedición de la Bula de Canonización de San Isidro “Rationi Congruit” hasta el 4 de junio de 1724, firmada por Benedicto XIII.

San Isidro es patrón de Madrid desde 1212, y día de precepto en la capital de España desde 1621.

El Papa Juan XXIII extendió el patronazgo de San Isidro a los agricultores y campesinos españoles por Bula “Agri Culturam” dada en Roma el 16 de diciembre de 1960.





Nos suena esta frase, ¿verdad? Muchas veces la repetimos y nos la repetimos especialmente los jóvenes. Y es que hay en nosotros un ansia de libertad, a veces malentendida, que no podemos contener. Sin embargo, paradójicamente, esta sociedad en la que vivimos, donde la libertad es un valor primordial, nos presenta diversas formas de esclavitud maquillada de libertad.

¿Vistes como quieres o como lo hacen tus amig@? ¿Vas a los sitios que quieres o adonde van todos? ¿Qué te mueve a escoger un programa o serie de TV? A veces somos manipulados sin que nos demos cuenta y nos hacemos esclavos de lo que nos dicen, por ejemplo, los medios de comunicación sea en la publicidad, sea en los diversos programas, series y películas de TV.

¿Quieres ser verdaderamente libre? Échale un vistazo al extracto de un artículo muy interesante que te puede ayudar a “abrir los ojos” y a “ser tú mismo”.

El dominio y control sobre las personas se lleva a cabo mediante las técnicas de manipulación. El ejercicio de la manipulación de las mentes encierra especial gravedad en este momento por tres razones básicas:

1) Sigue orientando la vida hacia el viejo ideal del dominio, que provocó dos hecatombes mundiales y no logra colmar hoy nuestro espíritu pues ya no podemos creer en él.

2) Impide dar un giro decidido hacia un nuevo ideal que sea capaz de llevar nuestra vida a plenitud.

3) Incrementa el desconcierto espiritual de una sociedad que perdió el ideal que persiguió durante siglos y no logra descubrir uno nuevo que sea más conforme a la naturaleza humana.

Si queremos colaborar eficazmente a configurar una sociedad mejor, más solidaria y más justa, debemos poner al descubierto los ardides de la manipulación y aprender a pensar con todo rigor. No es demasiado difícil. Un poco de atención y finura crítica nos permitirá delatar los trastrueques de conceptos que se están cometiendo y aprender a hacer justicia a la realidad. Esta fidelidad a lo real nos depara una inmensa libertad interior. No basta vivir en un régimen democrático para ser libres de verdad. Hay que conquistar la libertad día a día frente a quienes intentan arteramente dominarnos con los recursos de esa forma de ilusionismo mental que es la manipulación. Esta conquista sólo es posible si tenemos una idea clara de cuatro cuestiones: lª) Qué significa manipular, 2ª) Quién manipula, 3ª) Para qué manipula, 4ª) Qué táctica moviliza para ello. El análisis de estos cuatro puntos nos permitirá al final discernir si es posible poner en juego un antídoto de la manipulación. Estamos a tiempo de salvaguardar nuestra libertad personal con todo cuanto implica. Hagámoslo animosamente.

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Queridos hermanos y hermanas:
Ante la proximidad de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, me es
grato dirigirme a vosotros para exponeros algunas de mis reflexiones sobre el tema elegido
este año: Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto,
diálogo y amistad. En efecto, las nuevas tecnologías digitales están provocando hondas
transformaciones en los modelos de comunicación y en las relaciones humanas. Estos
cambios resaltan aún más entre los jóvenes que han crecido en estrecho contacto con estas
nuevas técnicas de comunicación y que, por tanto, se sienten a gusto en el mundo digital,
que resulta sin embargo menos familiar a muchos de nosotros, adultos, que hemos debido
empezar a entenderlo y apreciar las oportunidades que ofrece para la comunicación. En
el mensaje de este año, pienso particularmente en quienes forman parte de la llamada
generación digital. Quisiera compartir con ellos algunas ideas sobre el extraordinario
potencial de las nuevas tecnologías, cuando se usan para favorecer la comprensión y la
solidaridad humana. Estas tecnologías son un verdadero don para la humanidad y por ello
debemos hacer que sus ventajas se pongan al servicio de todos los seres humanos y de
todas las comunidades, sobre todo de los más necesitados y vulnerables.
El fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la
presencia capilar de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente
palabras e imágenes a grandes distancias y hasta los lugares más remotos del mundo. Esta
posibilidad era impensable para las precedentes generaciones. Los jóvenes especialmente
se han dado cuenta del enorme potencial de los nuevos medios para facilitar la conexión,
la comunicación y la comprensión entre las personas y las comunidades, y los utilizan
para estar en contacto con sus amigos, para encontrar nuevas amistades, para crear
comunidades y redes, para buscar información y noticias, para compartir sus ideas y
opiniones. De esta nueva cultura de comunicación se derivan muchos beneficios: las
familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de
otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos,
fuentes y descubrimientos científicos, y pueden así trabajar en equipo desde diversos
lugares; además, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más
dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social.
Aunque nos asombra la velocidad con que han evolucionado las nuevas tecnologías
en cuanto a su fiabilidad y eficiencia, no debería sorprendernos su popularidad entre los
usuarios, pues esta responde al deseo fundamental de las personas de entrar en relación
unas con otras. Este anhelo de comunicación y amistad tiene su raíz en nuestra propia
naturaleza humana y no puede comprenderse adecuadamente solo como una respuesta a
las innovaciones tecnológicas. A la luz del mensaje bíblico, ha de entenderse como reflejo
de nuestra participación en el amor comunicativo y unificador de Dios, que quiere hacer
de toda la humanidad una sola familia. Cuando sentimos la necesidad de acercarnos a otras
personas, cuando deseamos conocerlas mejor y darnos a conocer, estamos respondiendo a
la llamada divina, una llamada que está grabada en nuestra naturaleza de seres creados a
imagen y semejanza de Dios, el Dios de la comunicación y de la comunión.
El deseo de estar en contacto y el instinto de comunicación, que parecen darse por
descontados en la cultura contemporánea, son en el fondo manifestaciones modernas de
la tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar
en relación con los demás. En realidad, cuando nos abrimos a los demás, realizamos una
de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente humanos. En
efecto, amar es aquello para lo que hemos sido concebidos por el Creador. Naturalmente,
no hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo del verdadero amor, que es el
centro de la enseñanza moral de Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”, y “amarás a tu prójimo como a ti
mismo” (cf. Mc 12, 30-31). Con esta luz, al reflexionar sobre el significado de las nuevas
tecnologías, es importante considerar no solo su indudable capacidad de favorecer el
contacto entre las personas, sino también la calidad de los contenidos que se deben poner
en circulación. Deseo animar a todas las personas de buena voluntad, y que trabajan en el
mundo emergente de la comunicación digital, para que se comprometan a promover una
cultura de respeto, diálogo y amistad.
Por lo tanto, quienes se ocupan del sector de la producción y difusión de contenidos de
los nuevos medios han de comprometerse a respetar la dignidad y el valor de la persona
humana. Si las nuevas tecnologías deben servir para el bien de los individuos y de la
sociedad, quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el
ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio y la intolerancia, envilece la belleza
y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos.
Las nuevas tecnologías han abierto también caminos para el diálogo entre personas
de diversos países, culturas y religiones. El nuevo espacio digital, llamado ciberespacio,
permite encontrarse y conocer los valores y tradiciones de otros. Sin embargo, para que
esos encuentros den fruto, se requieren formas honestas y correctas de expresión, además
de una escucha atenta y respetuosa. El diálogo debe estar basado en una búsqueda sincera
y recíproca de la verdad, para potenciar el desarrollo en la comprensión y la tolerancia. La
vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias; es más bien la búsqueda de la
verdad, del bien, de la belleza. A dichos fines se encaminan nuestras decisiones y el ejercicio
de nuestra libertad, y en ellos –la verdad, el bien y la belleza– encontramos felicidad y
alegría. No hay que dejarse engañar por quienes tan solo van en busca de consumidores en
un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el
bien, la novedad se confunde con la belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad.
El concepto de amistad ha tenido un nuevo auge en el vocabulario de las redes sociales
digitales que han surgido en los últimos años. Este concepto es una de las más nobles
conquistas de la cultura humana. En nuestras amistades, y a través de ellas, crecemos y
nos desarrollamos como seres humanos. Precisamente por eso, siempre se ha considerado
la verdadera amistad como una de las riquezas más grandes que puede tener el ser
humano. Por tanto, se ha de tener cuidado de no banalizar el concepto y la experiencia
de la amistad. Sería una pena que nuestro deseo de establecer y desarrollar las amistades
on line fuera en deterioro de nuestra disponibilidad para la familia, los vecinos y quienes
encontramos en nuestra realidad cotidiana, en el lugar de trabajo, en la escuela o en el
tiempo libre. En efecto, cuando el deseo de conexión virtual se convierte en obsesivo, la
consecuencia es que la persona se aísla, interrumpiendo su interacción social real. Esto
termina por alterar también los ritmos de reposo, de silencio y de reflexión necesarios
para un sano desarrollo humano.
La amistad es un gran bien para las personas, pero se vaciaría de sentido si fuese
considerado como un fin en sí mismo. Los amigos deben sostenerse y animarse mutuamente
para desarrollar sus capacidades y talentos, y para poner estos al servicio de la comunidad
XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales humana. En este contexto es alentador ver surgir nuevas redes digitales que tratan de
promover la solidaridad humana, la paz y la justicia, los derechos humanos, el respeto por
la vida y el bien de la creación. Estas redes pueden facilitar formas de cooperación entre
pueblos de diversos contextos geográficos y culturales, permitiéndoles profundizar en la
humanidad común y en el sentido de corresponsabilidad para el bien de todos. Pero se
ha de procurar que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible
a todos. Sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos
de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y
eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o
si contribuyeran tan solo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas
redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana.
Quisiera concluir este mensaje dirigiéndome de manera especial a los jóvenes
católicos, para exhortarlos a llevar al mundo digital el testimonio de su fe. Amigos,
sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo
e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. En los primeros tiempos
de la Iglesia, los apóstoles y sus discípulos llevaron la Buena Noticia de Jesús al mundo
grecorromano. Así como entonces la evangelización, para dar fruto, tuvo necesidad de
una atenta comprensión de la cultura y de las costumbres de aquellos pueblos paganos,
con el fin de tocar su mente y su corazón, así también ahora el anuncio de Cristo en
el mundo de las nuevas tecnologías requiere conocer estas en profundidad para usarlas
después de manera adecuada. A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en
sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular
la tarea de evangelizar este “continente digital”. Haceos cargo con entusiasmo del anuncio
del Evangelio a vuestros coetáneos. Vosotros conocéis sus temores y sus esperanzas, sus
entusiasmos y sus desilusiones. El don más valioso que les podéis ofrecer es compartir
con ellos la “buena noticia” de un Dios que se hizo hombre, padeció, murió y resucitó
para salvar a la humanidad. El corazón humano anhela un mundo en el que reine el
amor, donde los bienes sean compartidos, donde se edifique la unidad, donde la libertad
encuentre su propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una
comunión respetuosa. La fe puede dar respuesta a estas aspiraciones: ¡Sed sus mensajeros!
El Papa está junto a vosotros con su oración y con su bendición.





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BEATO DAMIAN DE VEUSTER

(1860-1889)

Nació el 3 de enero en la finca de sus padres, en Tremeloo, Bélgica. Su nombre de bautismo es José Veuster. Estudió en Braine-le-Comte. Entró en la vida religiosa con los Padres de los Sagrados Corazones de Jesús y María (SS.CC.), el 7 de Octubre de 1860 y tomó como nombre Damián. Siendo novicio en París se ofreció para las misiones. Los SS.CC. habían llevado la Iglesia Católica a Hawai y todavía estaban encargados suplir los sacerdotes. En 1864 lo enviaron a aquellas islas y dos meses mas tarde, el 24 de mayo, fue ordenado sacerdote en Honolulu, la capital. Su primera parroquia fue con los nativos de Puno y Kohala, tierra árida y volcánica donde no existía iglesia ni ayuda alguna. La extensión de su territorio es aproximadamente que toda Bélgica, su patria. Recorría todo ese terreno sin detenerse ante las grandes dificultades.

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